Vecinos de El Casar.

 

Fernando López-Mirones: biólogo, guionista y director de documentales (las películas en las que actúa la naturaleza). 03/12/2007

 

Fernando López Mirones, es zoólogo, guionista y director de documentales de naturaleza. Su tierra natal, Galicia, y su infancia en Canarias, de donde recuerda que oyó por primera vez el rugido de un león de un zoo cercano a su casa, le abrieron los ojos a la naturaleza.

Este madrileño de los que vivimos en El Casar desde hace más de diez años, años en los que hemos visto como ya no se ven las avutardas al lado de nuestras casas, como desaparecen tapadas por nuestros tejados esas "laderas que se iban apoyando, ondulantes, las unas con las otras, como lomos y lomos de animales cansados. Y oculto, hundido entre los rebaños, discurre nuestro río, El Jarama" como ya lo describía en los años 50 Rafael Sánchez Ferlosio.

 

Fernando, escritor y biólogo, ha sido realizador entre otros de documentales como Los Vertebrados del Campo de Gibraltar (1990) o El Latido del Bosque, rodado en el Parque Natural de los Alcornocales entre 1996 y 1997 y que fue el primer trabajo de National Geographic en España. López-Mirones es el único guionista cuyos trabajos han llegado a ser producidos por National Geographic, BBC o Survival. Su último documental, «Todos por la mar», es un trabajo conjunto con la Sociedad Española de Cetáceos (SEC), que pone el broche final a un proyecto de conservación de cetáceos y tortugas de la Unión Europea, y es sólo el aperitivo de una serie documental que sobre el Mare Nostrum está preparando y que espera ver la luz el año que viene.
 

 

Fernando escribe en está Web desde sus inicios, podéis comprobar  lo que pensaba y lo que piensa sobre el mundo que nos rodea, -El Gran Animal- El Señor de las Tierras Altas.

 

Reproduzco aquí su último articulo en el periódico ABC.

El gran animal

Un repaso a la historia de los documentales de naturaleza

Hay quien sostiene que los documentales son para dormir la siesta, que se trata de un género cinematográfico secundario; sin embargo, ninguna película de ficción ha conseguido mover las conciencias y cambiar el mundo como lo han hecho algunos de ellos. El cine fue inventado por científicos y posteriormente secuestrado por artistas. Desde que allá por 1879, Eadweard Muybridge inventara un artefacto al que llamó Zoopraxiscopio para reproducir el movimiento de la carrera de un caballo, las cosas han cambiado un poco, pero la esencia es la misma: impresionar a la gente con lo que ocurre ahí fuera, dar testimoniode lo que muchos no pueden ver, golpear nuestro cerebro con imágenes increíbles.

En 1922, Robert J. Flaherty filmó el que es considerado el primer documental de la historia, Nanook of the North, sobre la vida de una comunidad de esquimales de la Bahía de Hudson, en Canadá. El impacto fue enorme, hasta tal punto que aún hoy se sigue vendiendo. Entonces se forjó el término, entonces se firmó el divorcio. Hasta ese momento el cine documental era simplemente el cine, hasta que el inglés John Grierson inventó la palabra «documental» para definir «una película cuidadosamente pensada y realizada con un gran valor y aporte científico». Grierson estaba convencido de que los documentales eran el mejor instrumento existente para mejorar el mundo, para concienciar y convencer a la gente … y de eso estamos convencidos aún, y para ello trabajamos.

Muy pronto el alemán Bernhard Grzimek y su hijo Michael descubrieron al mundo y salvaron uno de los más importantes paisajes de la Tierra con su documental El Serengueti no debe morir. Y una legión de aventureros recaudaron grandes fondos con sus documentales para salvar espacios naturales y especies de las que hoy en día podemos disfrutar gracias a ellos, porque de otro modo hubieran desaparecido antes de que el mundo las conociera. Hugo Van Lawick, Alan Root, John Downer y tantos otros, que encumbraron a investigadores como el antropólogo Louis Leakey, la mítica Jane Goodall con sus chimpancés, Dianne Fossey y sus también ficcionados Gorilas en la Niebla o Biruté Galdikás con sus orangutanes. Los tiempos del nacimiento de la National Geographic, de la gloria delCapitán Planeta, Jacques Ives Cousteau, que abrió su «mundo silencioso» a nuestros hogares y de nuestro llorado Félix Rodríguez de la Fuente. Hemos visto cómo se coronaba de nieve la elegante testa de Sir David Attenborough, que aún nos hace estremecer mientras en España hemos mejorado tanto que las grandes firmas ya conocen nuestros nombres, de la mano de trabajos ya legendarios como El Latido del Bosque de Joaquín Gutiérrez Acha y tantos otros de este mismo director escritos por un servidor de ustedes, y que inscriben por primera vez a un Gutiérrez, o un López, o un García en los archivos del rectángulo amarillo y la BBC Natural History Unit.

Pero algo está cambiando en los documentales de naturaleza. Sobre el lobo, la orca o el león se siguen haciendo excelentes trabajos, sin embargo, la nueva protagonista es el animal más grande jamás concebido. La película documental Una Verdad Incómoda, ha proporcionado a Al Gore dos Oscar de Hollywood y un Premio Nobel, probablemente los dos galardones más codiciados y prestigiosos que existen. Y la megaproducción Tierra dirigida por Alistair Fothergill y MarkLinfield, brutalmente bella, rodada con tecnología Cineflex en doscientas localizaciones, con cuarenta cámaras durante cinco años, han retratado al gran animal, el planeta llamado Tierra.

Gaia, la llamó Lovelock, cuando formuló su teoría de que el planeta en realidad se comporta como un enorme ser vivo en el que nosotros, los seres humanos, somos sin duda la más molesta y peligrosa garrapata que nunca tuvo encima. Pero ni siquiera los parásitos matan a su huésped a menos que puedan mudarse a otro. El Gran Animal no va a morir a causa del indiscutible y evidente cambio climático, simplemente cambiará de aspecto externo y mutará a los seres que viven sobre su piel. Habrá medusas y algas donde antes nadaban los boquerones y los delfines, cucarachas y roedores en los antiguos feudos del elefante, y prósperas poblaciones de bacterias, hongos y hepáticas sobre los cuerpos des compuestos de los robles. ¿Y nosotros? Probablemente no podamos soportarlo como especie, pero antes, mucho antes, alguien sacará de una vieja videoteca esas películas documentales que muestran a la especie en más grave peligro de extinción, sólo queda un ejemplar, y está sudando demasiado.