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De Madrid a Nápoles. Una crónica de Madrid. Crónicas para Radio Garrucha La Marinera. Una ciudad de dioses lejanos.2/03/2008
Buenas, oyentes navegantes de La Marinera. Esta es mi
pequeña contribución a esa radio que transmite en la
frecuencia del sentimiento, de este oyente navegante
desde las tierras de Castilla. Mi compromiso es trasladaros algo positivo desde estas tierras y que viaje con las ondas de Radio Garrucha, como esas brisas húmedas que yo veía de pequeño sobre las sierras del interior de Granada, a partir de septiembre, cuando soplaba levante. Las tardes hacían que la brisa marina llegara sobre las cumbres de las sierras de María y el Madroñal, aquí donde el mar estaba lejos.
Esa
brisa que lleva el levante ha crecido en estos
tiempos, y gracias a esa Radio Marinera me llega hasta
aquí, al interior, entre Madrid y Guadalajara, como os
llega a otros muchos en otras tierras alejadas del
levante del Almería. Os cuento algo de Madrid. Os he contado cosas de Granvía, pues bien, al final o al comienzo de esta calle está la Plaza de España, símbolo de una modernidad de tiempos pasados, hoy los centros financieros de Madrid están en la línea del Paseo de La Castellana y subiendo hacia el norte. La Plaza de España, ha quedado entre dos símbolos de la ciudad, no es el Madrid de los Austrias, ni es el Madrid de la Modernidad, lugares que gozan del éxito turístico y la instalación de negocios de éxito.
Aquí
en Plaza de España, han quedado los primeros
rascacielos de Madrid, hoy edificios altos solamente.
También como escondidos entre olivos el homenaje a
Cervantes, Don Quijote y Sancho a lomos de su
cabalgaduras universales, Rocinante y Rucio, un
monumento de mis primeros recuerdos de niño del
altiplano granadino, cuando mi familia se traslado a
Madrid.
Plaza de España, está cerrada por tres lados por edificios, como un cubo al que le faltara un lado, por ese lado se cuelan al atardecer los rayos de sol de un lugar próximo, en el Parque de La Montaña, El Templo de Debod , un templo del Egipto de los faraones que llego a Madrid a finales de los sesenta, para salvarse de las aguas del Nilo y su crecida con la presa de Asuan. Las piedras de este templo, dedicado a los dioses Amón e Isis, hace más de dos mil años, contemplan cada día ésta ciudad lejos de su tierra original y permite a las gentes de Madrid que nos acercamos al mismo, sentir también en nuestros corazones la lejana tierra de faraones. Que seáis felices, que es de lo que se trata.
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